lunes, 10 de noviembre de 2025

Ghosthouse (1988): ecos malditos desde la casa del VHS

A finales de los años ochenta, cuando los videoclubes eran templos oscuros donde uno iba a cazar portadas inquietantes y títulos malditos, apareció una cinta que parecía susurrar desde el otro lado del televisor: Ghosthouse (1988). Aquella película, dirigida por el incombustible Umberto Lenzi, un veterano del giallo italiano que firmó aquí con el seudónimo de Humphrey Humbert, se convirtió en una pequeña joya del terror de serie B, tan exagerada como fascinante.

Lenzi, que venía de dirigir thrillers violentos y cintas policíacas cargadas de adrenalina, decidió en esta ocasión adentrarse en un terreno más sobrenatural. Con Lara Wendel y Greg Scott encabezando el reparto, el cineasta construyó una historia sencilla, pero efectiva, que resumía el espíritu del horror ochentero: jóvenes curiosos, una mansión abandonada y algo profundamente maligno que aguarda en la oscuridad.

La película arranca con una secuencia que hoy podría considerarse casi un homenaje al terror clásico. Un operador de radioaficionado —interpretado por Scott— capta una transmisión angustiosa: gritos, interferencias, y una súplica proveniente, al parecer, del más allá. Movido por la intriga, viaja junto a su novia (Wendel) hasta una vieja casa en Nueva Inglaterra, una mansión envuelta en misterio donde los relojes se detienen y el viento parece arrastrar lamentos antiguos. Pronto descubren que la casa está maldita, y que una niña fantasmal con un inquietante muñeco payaso es la guardiana de un secreto sangriento.


La atmósfera de Ghosthouse está marcada por una estética que solo podía existir en 1988: colores saturados, niebla artificial, luces de neón filtrándose entre los ventanales, y una banda sonora de Piero Montanari repleta de sintetizadores y coros espectrales. Aquella música, pegajosa e hipnótica, ayudaba a que incluso los efectos especiales más rudimentarios resultaran perturbadores.

Rodada en inglés para facilitar su exportación, la cinta fue distribuida como La Casa 3 en Italia, una maniobra comercial destinada a vincularla falsamente con The Evil Dead (La Casa en el mercado europeo). En realidad, no tenía relación alguna con la saga de Sam Raimi, pero el truco funcionó: Ghosthouse se convirtió en una de esas películas que circulaban de mano en mano en las estanterías de los videoclubes, envuelta en un aura de misterio y con una portada imposible de ignorar.

Aunque no se estrenó en cines de forma masiva —su vida estuvo prácticamente confinada al circuito doméstico—, la película encontró su público entre los fanáticos del terror más camp. Las críticas en su momento no fueron precisamente benevolentes: muchos la tacharon de confusa, de actuación torpe y de guion flojo. Sin embargo, con el paso del tiempo, Ghosthouse ha sido reivindicada por los amantes del cine de culto ochentero. Su mezcla de ingenuidad y atmósfera malsana la ha convertido en un ejemplo perfecto de cómo el horror italiano supo reinventarse en la era del VHS.

Bajo mi punto de vista, no es una película especialmente buena, y creo que solo gustará a los nas cafeteros del genero. No termina de ser un giallo italiano, ni una película de casas encantadas. Por momentos se hace incluso absurda en su argumento. En líneas generales, y pese a que hoy tiene un aura de película de culto de aquellos años. yo no os la recomendaría.

Por supuesto, como siempre digo, esto no deja de ser una apreciación personal. pues estoy seguro que mucha gente la considerará una película legandária y de culto. Otra cosa.. se la suele relacionar con la película de "el ogro", también conocida como la casa 3. No tiene nada que ver, son historias distintas, y personalmente, creo que el ogro, aun cuando con una admósfera mas onírica y densa, es mejor película que Ghosthouse


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