Hay películas que intentan parecerse a los clásicos y hay otras que parecen haber escapado directamente de otra época. Dear God No! pertenece a esta segunda categoría. Estrenada en 2011 y escrita, producida y dirigida por James Bickert, la película es un ejercicio de arqueología cinematográfica tan apasionado como excesivo, una obra concebida para recrear hasta el último detalle la experiencia de aquellas producciones de explotación que llenaban los autocines y las salas de barrio durante los años setenta.
La historia comienza con una banda de motoristas forajidos conocida como The Impalers. Después de un violento enfrentamiento con una banda rival, los moteros continúan su ruta de destrucción por las carreteras del sur de Estados Unidos. Lo que parece una simple película de motoristas pronto se transforma en algo mucho más extraño. La banda termina refugiándose en una aislada cabaña en medio del bosque donde vive el misterioso doctor Marco, un antropólogo caído en desgracia que esconde secretos terribles en su sótano. A partir de ese momento, la película mezcla sin ningún pudor moteros asesinos, científicos nazis, experimentos prohibidos, monstruos salvajes, psicodelia, sexo, violencia y toneladas de sangre falsa. La lógica narrativa importa poco; lo esencial es la sensación de estar viendo una cinta perdida de 1974 encontrada por casualidad en un viejo cine de carretera.
El principal responsable de semejante locura es James Bickert, un cineasta independiente de Georgia obsesionado desde joven con el cine de explotación, el horror de bajo presupuesto y las producciones más marginales de la historia del cine estadounidense. Bickert ha citado en diversas ocasiones su admiración por directores como Russ Meyer, John Waters, Jack Hill o Roger Corman, figuras fundamentales del cine independiente y exploitation. Esa influencia se percibe en cada fotograma de Dear God No!, una película que no busca modernizar el género sino reproducirlo con absoluta fidelidad.
Uno de los aspectos más sorprendentes del film es que fue rodado íntegramente en película de 16 mm en Atlanta, Georgia, durante el otoño de 2010. En una época en la que casi todas las producciones independientes utilizaban cámaras digitales, Bickert decidió trabajar con celuloide para obtener el mismo grano, la misma textura y las mismas imperfecciones que tenían las películas de explotación originales. Además, los efectos especiales fueron realizados de manera práctica, sin recurrir prácticamente a imágenes generadas por ordenador. El resultado es una imagen rugosa, sucia y envejecida que engaña al espectador hasta el punto de parecer una auténtica producción olvidada de hace cincuenta años.
El reparto está encabezado por Jett Bryant en el papel de Jett, el líder de los Impalers. Bryant encarna perfectamente al antihéroe brutal y amoral propio de este tipo de cine. A su lado encontramos a Madeline Brumby como Edna, una joven atrapada en el horror que se desarrolla en la cabaña, y a Paul McComiskey interpretando al perturbador doctor Marco. El propio James Bickert aparece también delante de las cámaras interpretando a uno de los miembros de la banda, una costumbre muy habitual en las producciones independientes de bajo presupuesto donde todo el equipo termina desempeñando múltiples funciones.
La producción tuvo una historia tan accidentada como la película. Bickert desarrolló la idea junto a sus colaboradores Shane Morton y Nick Morgan prácticamente desde el patio trasero de su casa. El presupuesto era tan reducido que el equipo llegó a quedarse sin dinero antes de finalizar la postproducción. Para completar el proyecto recurrieron a una campaña de Kickstarter que consiguió recaudar los fondos necesarios para terminar la película y llevarla a los festivales.
Lo más interesante de Dear God No! es que no intenta ser una versión elegante o irónica del cine grindhouse, como hicieron películas más conocidas de comienzos de siglo. Mientras otras producciones utilizaban la estética setentera con cierta distancia o nostalgia, Bickert abrazó por completo la brutalidad, la incorrección política y el mal gusto característicos de aquellas películas. Yo diría que lo consigue con bastante buen acierto, pues aun cuando realmente la película puede que no sea para todos los gustos, rozando en algunos momentos el mal gusto y la violencia extrema. Si que por otro lado consiguen llevar al espectador plenamente a aquellas películas de explotación de los años 70.
A mi me ha sorprendido.. No esperaba encontrarme algo semejante a esto, y cuando termine de verla, quedé con un buen sabor de boda. Es cutre, con malas actuaciones, pésimos efectos especiales, pero tiene ese sabor de boca original y autentico que tenían esas viejas películas.
Entre las curiosidades más llamativas destaca el hecho de que el cartel oficial fue diseñado por el célebre ilustrador de cine de culto Tom Hodge. También resulta llamativo que la película terminara convirtiéndose en una pequeña obra de culto dentro del circuito de festivales especializados, llegando a obtener premios y reconocimientos en certámenes dedicados al cine independiente y de explotación. Su éxito entre los aficionados llevó a Bickert a desarrollar posteriormente una especie de continuación espiritual titulada Frankenstein Created Bikers, que expandía aún más ese universo de motoristas, monstruos y locura grindhouse.
Vista hoy, Dear God No! es una experiencia difícil de recomendar al público general. Su violencia extrema, sus escenas de explotación sexual y su absoluta falta de corrección pueden resultar insoportables para muchos espectadores. Sin embargo, para los amantes del cine de culto representa algo cada vez más raro: una película realizada con auténtica pasión por un género olvidado. No es una obra maestra ni pretende serlo. Es, más bien, un homenaje salvaje, imperfecto y profundamente sincero a una época en la que el cine independiente se atrevía a ser vulgar, ofensivo y completamente libre. Y precisamente por eso sigue teniendo un lugar especial dentro del panorama del horror underground contemporáneo.
Yo os recomendaría esta película sin dudarlo, especialmente si os gusta el cine de aquellos años.. Películas de moteros, terror cutre, explotación nazi, escenas sexuales violentas y crudas, arte bizarro.. escenas que desde el presente son incomprensibles que se rodaran en el cine, y que a día de hoy, resultarían imposible que se realizaran en una película sin la correspondiente censura por parte de la nueva inquisición woke.




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